Primeras damas, ¿nos preocupamos sólo por su imagen o no?

Por: Susana Moraga

El protagonismo que tomó, los actos de corrupción por los que han sido investigados sus hijos; los miles de pesos que destinó a su guardaropa y sus intenciones de ser presidenta del país, le valieron a Marta Sahagún, esposa del ex presidente Vicente Fox, ser una de las primeras damas más cuestionadas.

Pero cada seis años, con el cambio de poderes inicia un debate paralelo sobre los nuevos habitantes de la Residencia Oficial de Los Pinos, y se centra en la esposa del mandatario en turno. 

A Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, ex legisladora, abogada y profesora de derecho, se le criticó al inicio por su forma de vestir.

A diferencia de los trajes Channel que usaba Marta Sahagún, Margarita se caracterizó por aparecer casi siempre con reboso, zapato de piso y poco maquillaje. Después vinieron los cuestionamientos contra ella por ser prima segunda de Marcia Matilde Gómez del Campo, una de las dueñas de la Guardería ABC donde murieron 49 pequeños en un incendio en Hermosillo.  

Nilda Patricia Velasco también fue cuestionada. No fue por su forma de vestir ni por sus apariciones en actos públicos sino todo lo contrario. 

La esposa del ex presidente Ernesto Zedillo decidió que no quería ser presidenta del Consejo Consultivo del DIF, que prefería permanecer en Los Pinos y acompañar en contados actos públicos al ex mandatario. Se le criticó por "guardarse". 

En esta ocasión, Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto, acapara reflectores por ser actriz, por ser divorciada, por no tener estudios universitarios y por haber conocido a su ahora marido cuando fue imagen de una de las campañas del Gobierno del Estado de México. 

Pero también atrae las cámaras por ser una mujer carismática y atractiva que ha modificado su estilo; aparece junto a Michelle Obama y Rania, reina de Jordania, en el ranking de las primeras damas mejor vestidas de la revista Vanity Fair. 

Ser esposa del mandatario no significa tener un cargo público. No hay ley o artículo en la Constitución mexicana que establezca, regule o dé cabida a la figura de primera dama. 

Sin embargo, desde 1977 cuando Carmen Romano, entonces esposa de José López Portillo, encabezó la unión entre la Institución Mexicana de Asistencia a la Niñez (IMAN) y el Instituto Mexicano para la Infancia y la Familia (IMPI), para darle vida al DIF, casi todas las esposas de los mandatarios han sido nombradas presidentas honorarias del Consejo Consultivo del organismo. Con excepción de Sahagún y Velasco.

Rivera lo es actualmente. Para ello, la Presidencia creó la Dirección General Adjunta de Apoyo a las Actividades de la Esposa del C. Presidente, con una plantilla de por lo menos ocho personas cuyos sueldos ascenderán a 4 millones 384 mil pesos este año, eso sin contar el presupuesto que se destina para que los funcionarios mencionados desarrollen su labor.

Recordemos que el cargo de presidenta del Consejo Consultivo del DIF es representativo y se centra en encabezar actos de beneficencia y en proponer programas para recaudar fondos (la dirección y operación del Instituto lo encabeza la abogada Laura Vargas, esposa del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong).

Al ser una figura conocida en el país, Angélica Rivera podría concientizar sobre muchos temas y atraer más apoyos para el DIF, me dijo en enero pasado Nashielli Ramírez, coordinadora general de Ririki Intervención Social, institución enfocada en defender, vigilar y garantizar el desarrollo y derechos de niños y adolescentes en México.  

Sin embargo, Ramírez lamentó que una vez más el DIF opere bajo un enfoque asistencialita y con poca autonomía cuando debería ser una institución dedicada a garantizar los derechos de los menores y adolescentes mexicanos, modificación que debió realizarse desde 1990 cuando México ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU.

La forma de vestir, los lazos familiares o la actuación de las primeras damas son importantes para los ciudadanos siempre y cuando afecten al erario o estén relacionados con actos de corrupción. Lo demás es personal y debe respetarse. Me parece.

Donde debemos ser más participativos es en impulsar que el DIF se transforme y sea una institución realmente dedicada a la defensa y garantía de los derechos de menores; en el desarrollo de sus actividades, el manejo de su presupuesto, y en los resultados que dé tanto el Consejo Consultivo como la dirección.

México es un país donde cada tres días un niño de 0 a 4 años es asesinado (Índice de los Derechos de la Niñez Mexicana 2012, Save the Children) y donde 21 millones de pequeños y adolescentes de 0 a 17 años viven en pobreza (Coneval y Unicef). 

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