Celebrar la independencia violando la de los demás

Hoy es 4 de julio, día en que los Estados Unidos celebran su independencia en medio de una serie de acusaciones y la reactivación de algo que tiene un ligero aroma a guerra fría con algunos países principalmente europeos.


El tema del analista de inteligencia Edward Snowden refugiado en un aeropuerto de Moscú, Rusia, ha desatado una serie de reacciones encontradas, pues mientras en su país, la gente pide que se extradite para juzgarlo, algunas naciones celebran y defienden que haya tenido el valor para revelar temas sensibles que vulneraban la soberanía de sus naciones.


El nacionalismo de los estadounidenses no es tema menor y es comprensible que deseen ver a Snowden tras las rejas por haberse ido de la boca, por decirlo de alguna manera. Pero qué es lo que sucede con las acusaciones de espionaje.


Sería ingenuo pensar que no lo hacían, pero mostrarse indignados una vez que los han delatado, resulta incluso ofensivo. La Unión Europea de inmediato se pronunció y emitió severos posicionamientos que palabras más, palabras menos, aseguraban que esto tendría consecuencias.


Snowden aseguró que entre las embajadas que se espiaban figuraba la de México y el gobierno a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, emitió una tibia reacción en la que aseguraba que el tema lo trataría en privado a través de los canales diplomáticos correspondientes.


Además reveló la existencia de un programa secreto a gran escala de Estados Unidos para espiar las comunicaciones telefónicas y a través de internet, solicitando asilo a unos veinte países, entre ellos China, Francia, Cuba, Ecuador, Brasil, Bolivia, España, Nicaragua y Venezuela, según WikiLeaks.


El colmo de la tensión se dió el martes pasado, cuando el avión del presidente Evo Morales, fue detenido por 13 horas en el aeropuerto de Viena, Austria, ante la sospecha de que en él también viajaba el espía y ante la negativa de Francia y Portugal de que cruzara por su espacio aéreo, sin importar que se pusiera en peligro la vida de un mandatario.


Tras el rechazo de algunos países sudamericanos por esta medida, que resultó paradójica a su indignación por saberse espiados, los presidentes Mariano Rajoy y Aníbal Cavaco Silva, presidentes de aquellas naciones, dieron golpe de timón el miércoles por la mañana y abrieron su espacio aéreo para permitir que Morales pasara por sus países.


El conflicto aún tiene mucha historia y por lo pronto se dejan ver dos versiones la de los países que, aunque indignados, no dejan de someterse a las presiones económicas y comerciales de los Estados Unidos y la de aquellos que anteponen su soberanía y dignidad pese a las amenazas de nuestro vecino del norte, en caso de que ayuden a Snowden a evadir la justicia estadounidense, quien, vale decirlo, destapó una cloaca que deja mal parada la administración de Barack Obama, quien en su afán de calmar el conflicto, sólo ha dado palos de ciego.

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